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La Fobia A Los Petardos En Perros Y Gatos

La fobia a los petardos en perros y gatos

Aunque siempre es una sensación desagradable, el miedo en sí mismo es positivo. Se trata de un mecanismo adaptativo que ayuda a los individuos haciéndoles alejarse de situaciones que puedan amenazar su seguridad.

Sin embargo, cuando el miedo es desproporcionado o está fuera de lugar, hablamos de fobias.

Una de las fobias más frecuentes en el caso de los perros y los gatos es la relacionada con los petardos y los fuegos artificiales.

Así como la explosión de un petardo puede asustar a cualquier animal en un momento dado, hablaremos de fobia cuando observemos síntomas como ansiedad, hipersalivación, temblores, ladridos  y aullidos intensos (vocalizaciones en general) e intentos de escapar.

Una de las fobias más frecuentes en el caso de los perros y los gatos es la fobia a los petardos y los fuegos artificiales.

Cuando un perro o gato sufren esta situación en ocasiones repetidas, pueden llegar a sentir miedo también del resto de factores que acompañan normalmente al estallido de los petardos. Es decir,tan solo el olor de la pólvora, un lugar, el bullicio, las luces, etc. pueden provocar que se desencadene la crisis. De esta manera, el problema cada vez es más complejo.

La prevención de cualquier tipo de fobia es lo ideal, para lo cual es necesario exponer al cachorro durante la etapa de socialización a todo tipo de estímulos, con la precaución de no hacerlo de un modo que pueda resultar traumático.

Si la fobia ya ha aparecido, existen terapias curativas y atenuantes que se pueden aplicar. Sin embargo, dado que la intensidad del proceso suele ir aumentando con el tiempo, cuanto antes actuemos, mejor pronóstico.

Antes de aplicar cualquiera de ellas son importantes dos cosas:

  1. Determinar, dentro de lo posible, el origen .
  2. Identificar todos los factores que intervienen en el desencadenamiento de la crisis.

Tratamientos paliativos

Si lo que nos interesa es paliar los síntomas en momentos puntuales, es imprescindible proporcionar al animal un entorno seguro. Se recomienda buscar la zona de la casa más alejada de la fuente del ruido. Haremos de la habitación un entorno positivo con juegos y comida durante las semanas previas. Cuando vayan a empezar los fuegos bajaremos las persianas y cerraremos puertas para amortiguar el ruido. También colocaremos una cama  cubierta o transportín, agua, juguetes, una manta…

En el caso de los gatos, si lo prefieren, lo haremos en altura.

Cuando comiencen los ruidos es importante permitir al perro/ gato que vaya a “su guarida”. Si buscan nuestra compañía no debemos negársela, pero tampoco ofrecérsela por propia iniciativa ni protegerlo en exceso.

En casos graves, puede ser necesario acudir al veterinario para que instaure tratamiento farmacológico.

Tratamientos curativos

Se basan en el contracondicionamiento y la desensibilización. Ambos se realizan simultáneamente y consisten en la exposición gradual al estímulo. Después iremos aumentando la intensidad poco a poco mientras hacemos algo agradable.

Suelen requerir la asistencia de un especialista en comportamiento (un etólogo o un adiestrador).

El uso de feromonas de apaciguamiento, en difusor, aerosol o collar, pueden ser de mucha ayuda en todos los casos, ya que aumentan la sensación de seguridad.

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